The intouchables: la mejor comedia francesa cruza el océano

Elisa Ovalle

Sábado 23 de junio de 2012, 15h45. El cielo de Miami sigue sudando cortinas de agua. Lo bueno de estos interminables días de lluvia es que me encierro en casa con un libro o un par de películas. Estoy viendo por segunda vez el DVD de The artist cuando suena mi teléfono. Contesto. Es Jullieta, mi amiga mexicana.

—Hola, Elisa, ¿qué haces? —me pregunta con voz divertida. Le contesto:

—Aquí, comiendo chocolate, viendo cine mudo y escuchando la lluvia caer.

Sin más, me dice:

—¿Te vienes al cine? Hay una peli padrísima que me gustaría ver…

—Pues claro —le contesto poniéndome en pie—, ¿dónde?

—Anota —me dice.

Sigue lloviendo. Llegamos al cine. Jullieta se inclina por un combo de palomitas saladas, y yo por una agua sin gas. Faltan unos minutos para que empiece la “peli”, como dice Jullieta. Están anunciando la cartelera del verano 2012. De repente escucho hablar francés y veo en la pantalla el título de la película: The intouchables. Se me escapa un mini grito de sorpresa y alegría. Jullieta me pregunta: “¿Qué pasa, la conoces?”.

The intouchables

Los intocables, estrenada en Francia el pasado noviembre 2011, fue un verdadero éxito de taquilla en el país de Asterix, con más de 17 millones de entradas solo en el primer mes de exhibición, pasándole por delante al Titanic de James Cameron. Desde entonces, The intouchables atravesó ríos y montañas: mejor película extranjera esta primavera en el festival de cine de Tokio, premiada por la crítica israelí como la mejor comedia dramática extranjera el pasado mes de abril, premio a la mejor película en Bélgica, distribuida en más de 33 países, la película es número 1 del Box Office en considerables países, máxima recaudación de una película de habla no inglesa en estos últimos diez años. Por fin, The intouchables cruza el océano Atlántico hasta llegar este verano a Canadá y a los Estados Unidos en versión original subtitulada.

Esta obra es el último “bebé cinematográfico” de dos talentosos realizadores franceses jóvenes: Olivier Nakache y Eric Toledano, que firman aquí su cuarta comedia, sin duda ya una de las mejores películas de estos últimos años en el panorama del cine francés.

The intouchables, inspirada en un hecho real, relata la amistad entre dos hombres —Philippe Pozzo di Borgo, autor del libro Le second souffle (El segundo soplo, del cual fue adaptado el guion de la película), y Abdel Sellou, un joven de origen norafricano—, que nada predestinaba a encontrarse.

Philippe, aristócrata francés, culto, amante de las artes, elegante y fino seductor, tiene que resignarse a vivir el resto de su vida de forma totalmente dependiente entre un sillón de ruedas y una cama, tras sufrir en 1994 un accidente de parapente. Para su cuidado, Philippe busca “un auxiliar, ayudante interno” que lo atienda en las necesidades que su estado requiere.

Driss es un joven de origen senegalés recién salido de la cárcel tras cumplir seis meses de condena por asaltar una joyería. Se halla sin presente ni futuro, como miles de jóvenes franceses de origen africano, fruto de una inmigración mal digerida por la colectividad francesa de estas últimas décadas. Tras ver un anuncio de empleo, Driss se presenta en el domicilio de Philippe sin ninguna esperanza de conseguir un empleo: solo busca obtener de este una firma que justifique su búsqueda de trabajo, requerida por los servicios sociales de reinserción.

Dos marginados por la vida: Philippe, cincuentón de raza blanca, millonario pero totalmente disminuido por su condición de tetrapléjico, y Driss, joven senegalés, alto y fuerte pero golpeado por el destino, que sobrevive traficando en la Banlieux, suburbano del periférico parisino. El encuentro de estas dos almas a la deriva es el comienzo de una gran historia de amistad, un dúo, espejo de una Francia VIP y una Francia de segunda clase que tratan de convivir a duras penas. Una radiografía cinematográfica en el corazón de la sociedad francesa tomando como pretexto el tema de la discapacidad, todo ello sin pelos en la lengua entre un bastidor de drama y una cortina de comedia.

Imagen y sonido

La película, que se reclama ante todo de género “comedia”, es mucho más ambiciosa en su forma de vestir la ficción. La imagen y la luz, cuidadosamente tuteladas por las manos expertas de Mathieux Vadepied, nos regalan una fotografía novedosa, dramática, estética y aterciopelada. Pascal Armont nos envuelve la película en un celofán urbano con un sonido delicado y trasparente. La música de Ludovico Einaudi le sigue el ritmo al verbo cuando este se hace silencio. Parece como si la música nos dijera lo que los personajes ya no pueden decirle a la vida.

Un cuento de amistad, un dúo de realizadores

La película The intouchables fue concebida por este dúo de inseparables amigos y realizadores Olivier Nakache y Eric Toledano, preocupados en todo momento de no perder en el proceso de realización un solo filamento de la fibra y la fuerza de la verdadera historia. Ellos nos entregan una realización que pone el listón de la comedia francesa muy por encima de lo que habitualmente se le sirve “al pueblo”. A su vez, aprisionados por el impacto que les causó a ambos el encuentro con los verdaderos protagonistas de esta historia —Philippe Pozzo di Borgo y Abdel Sellou—, los dos realizadores se ponen a cuestas la responsabilidad de no faltar a esta cita que el destino les brindó.

—Cuando descubrí la vida de Philippe, y luego lo conocí personalmente —Olivier Nakache hace una pausa, y con la mirada hacia arriba, sigue—, pensé que la vida me estaba regalando en bandeja un encuentro, una historia, un pretexto para contar algo verdadero sobre tolerancia y convivencia en un momento en que nuestra sociedad está cada día más dividida.

—La historia de Philippe —añade Eric Toledano— es el testimonio de un regreso a la vida, al gusto y a la voluntad de vivir, a las ganas de reír. Nos ayudó muchísimo el humor del propio Philippe a la hora de escribir el guion. Este ha sido uno de los puntos claves para que Philippe nos cediera los derechos de su historia: “Quiero que la película sea una comedia”.

Para dar vida a esta ficción, Eric Toledano y Olivier Nakache confeccionaron un guion de “alta costura”, y elaboraron los personajes de Driss (Abdel en la vida real) y Philippe como si se tratase de dos trajes hechos a medida. La credibilidad de la historia y el éxito de la película reposan en la perfecta combinación de estas dos químicas sabiamente mezcladas. Para ello, el casting ha sido la apuesta del millón.

François Cluzet y Omar Sy, actores tan antagónicos como sus personajes

París, 12 de febrero de 2011, 22h45. Segunda planta, rue Buffon, cerca del Quai d’Austerlitz. Estamos en un apartamento elegido por la producción de The intouchables,  cuyas paredes sirven para dar vida a la habitación de Philippe en la película.

En el plató hay unas quince personas; los dos protagonistas de la película ya están en escena. François Cluzet (Philippe) está acostado en la cama; Omar Sy (Driss) cerca de él con un paño húmedo sobre su mejilla. Tras la cámara, Mathieux Vadepied, jefe de fotografía, finaliza el último reglaje. Los realizadores Eric Toledano y Olivier Nakache están a un par de metros de la cama, pero concentrados mirando la pantalla de control. Parecen dos siameses pegados por las frentes hablando a voz baja. Se escucha la respiración cada vez más fuerte y acelerada de Philippe: sus ojos están cerrados, su cara se contorsiona con un dolor indescriptible. En su frente brilla un sudor pegajoso. Eric Toledano anuncia en voz alta: “Silence, moteur, acton, ca tourne”.

Comienza la escena. Philippe está sufriendo cada vez más; su respiración es como un ahogo. Driss, cada vez más cerca de este. Su cuerpo está casi recostado sobre el de Philippe; le sostiene la cara con una mano y lo acaricia con la otra. Driss trata de controlar el dolor de Philippe como si fuese una madre con su niño pequeño. De repente, se escucha suavemente la voz de uno de los realizadores susurrar: “Acarícialo más, dile que todo va bien”. Sin salir de su papel, Driss repite con una voz entre emocionada y firme: “Todo va bien, tranquilo, estoy aquí. Estoy contigo. Tranquilo, Philippe, estoy aquí”. Poco a poco, la respiración de Philippe se calma. Sus ojos, inundados de lágrimas, se abren. Su mirada se fija en la de Driss, y como por magia, los dos hombres se conectan en un silencio cómplice. Driss le sonríe, Philippe le devuelve una especie de sonrisa y le dice: “Necesito aire, ¡sácame de aquí!”.

“¡Corten!”, gritan en coro los dos realizadores. Se termina la escena, pero todo el mundo sigue conmovido. Eric Toledano y Olivier Nakache se acercan a los dos actores. ¡Los dos protagonistas todavía están emocionalmente en la escena!

François Cluzet, exégeta de Philippe, sigue acostado, mira hacia su compinche y le dice: “Gracias, me dejé llevar por tu fuerza, por la convicción de tu humanidad… Me dejé llevar por ti. ¡Realmente me calmaste!”.

Omar Sy lo abraza y le contesta: “Joder, tío, gracias a ti. Realmente me hiciste sentir que te tenía entre mis manos, que debía sacarte de tu dolor. Lo pase mal por ti, ¡me sentí tan responsable de ti! ¡Joder, me lo creí!”. Todos se ríen, algunos con los ojos húmedos por la emoción contagiosa.

Estamos en un descanso del rodaje de una escena de interior. François está en un rincón del plató, sentado en su sillón de ruedas. Me acerco a los actores.

Para Omar Sy, cómico francés popular por sus chistes y su simpatía en sus crónicas de humor en la pantalla de Canal +, la propuesta fue totalmente inesperada y sorprendente. Omar ya había cooperado en alguna película cómica, pero jamás en un papel principal. A pesar de su falta de experiencia, para Eric Toledano y Olivier Nakache era evidente que solo Omar podía dar vida, con su espontaneidad e intuición, al personaje de Driss. Este héroe de ficción transformó de forma radical la propia vida de Omar, quien nos brinda en esta comedia una interpretación magistral de ingenuidad y naturalidad. Este es otro de los milagros de la película: la revelación de Omar Sy como verdadero y reconocido actor. Con este trabajo, Omar ya puede bailar en el salón de los grandes comediantes, y en cuestión de baile, el que nos regala con la coreografía de Driss en la escena del cumpleaños no tiene precio.

Omar Sy me confiesa con su sonrisa de dientes afuera: “Lo del baile no fue lo más difícil; para mí lo más difícil fue convencerme a mí mismo de que era capaz de cargar con tanta responsabilidad. Ya sabe, yo estoy acostumbrado a esconderme detrás de mi papel de payaso de televisión. La historia que vive mi personaje es muy real y también tiene que ver un poco con mi historia personal. Yo también soy un chaval de un suburbio, un inmigrante senegalés adoptado por unos tíos”. Omar se interrumpe como si hubiese hablado más de la cuenta. “Todo eso me brotó en la piel durante este trabajo. Han sido muchas cosas, sin descartar el hecho y la presión que sentí de tener que trabajar con un actor tan prestigioso y experimentado como François Cluzet. Yo nunca asistí a una sola clase de interpretación: lo que hago lo hago así por instinto, pero la verdad es que François es un hombre genial. Me dijo: “No te preocupes, yo también soy un actor intuitivo, siempre me siento como un amateur. Además, te voy a necesitar todo el tiempo: vas a cargar conmigo, me vas a tener que ayudar tú a mí”. ¡François es un gran actor y una persona muy generosa!

Para el personaje de Philippe, ha sido el propio actor François Cluzet el que contactó directamente a los dos realizadores después de leer el libro de Philippe, al enterarse por su manager de que Eric Toledano y Olivier Nakache estaban preparando la película.

Con más de setenta películas en el baúl de su carrera, François Cluzet sería para los americanos una mezcla de Dustin Hoffman y Robert de Niro, verdadero monumento del cine francés. François Cluzet ha trabajado con los mejores directores, como Claude Chabrol en El infierno, Jean Becket El verano asesino, y también con Guillaume Canet en No se lo digas a nadie, película por la cual recibió el César al mejor actor en 2006. François Cluzet es un actor multifacético con una inclinación por el género dramático, una trayectoria sazonada por el éxito.

Lo que más destaca a primera vista de François Cluzet es su extrema timidez, y a su vez una generosidad conmovedora y desbordante.

—¿Por qué tanto interés en este personaje? —le pregunto a Cluzet.

—Bueno —me contesta—, la casualidad de la vida hizo de que yo había leído el libro de Philippe Pozzo di Borgo un par de años atrás, y la segunda casualidad fue que conocía a su hermana, con la que hablamos muchísimo de Philippe y cuya historia me conmovió mucho.

François Cluzet se me acerca como para hablarme en confesión, pero su voz sigue igual de alta.

—Yo nací en París, en 1955, en una familia muy modesta. Mi padre vendía periódicos. Cuando mis padres se divorciaron, siendo yo todavía un niño, pensé de que ya nadie me quería —François sonríe—. Traté de robar cariño a todo coste. Esa necesidad de cariño la sublimé cuando mi abuela me llevó por primera vez al teatro y vi a Jacques Brel interpretando El hombre de La Mancha. François se levantó de su sillón de ruedas, pero sin despegar sus pupilas de las mías, y contrariamente a su personaje de tetrapléjico, François se expresa moviéndose muchísimo: manos, brazos, hasta se pone de pie si su ánimo se lo pide.

—Pues ese día me di cuenta —prosigue François— de que un personaje tiene derecho a llorar, a reír, y así se hace querer por el público. Nos quieren por eso; la gente aplaude cuando los personajes ríen y lloran. Eso es lo que me interesa: prestar mi risa y mis emociones para contar historias. Me gusta vivir la vida de mis personajes. Philippe y Driss son un regalo para los actores: personajes así no llaman dos veces a la puerta de un camerino.

François se sienta y añade:

—Trabajando en esta película con Omar tengo el sentimiento de que él me está salvando de algo. Omar es un gran tipo, me asombra su espontaneidad. Estoy disfrutando mucho de este trabajo. Al principio me fue difícil meterme en la piel de Philippe: sentía como que la gente del equipo me evitaba, como si no supieran muy bien cómo tratarme. Trabajar con Omar me ha enseñado mucho sobre mi propio trabajo de actor.

París, 26 de febrero 2012. Estoy en la habitación del Hotel du Nord, rue de Lyon, viendo la noche de gala de los César, premios del cine francés. A lo largo de la noche, The intouchables (título de la película en francés), va sumando nueve nominaciones. La actriz y realizadora francesa Nicole García es la encargada de abrir el sobre: “Premio del mejor actor: ¡Omar Sy por Driss en The Intouchables!”.

Omar Sy sube al escenario a recoger su trofeo. En sus ojos brilla la emoción de todos los “chavales de la Banlieux”. ¡El joven cómico de la pequeña pantalla se deja aplaudir por los actores del Gran Telón!

La película sigue cumpliendo sueños. Con más de 43 millones de espectadores y una recaudación que sobrepasa ya los 370 millones de dólares, la magia sigue operando. Según contrato, el 5% de esta recaudación va directamente a la asociación creada por Philippe Pozzo di Borgo para la ayuda a las personas discapacitadas.

Tras la proyección de la película, Philippe Pozzo di Borgo dirá:

—Naturalmente no se puede contar todo lo que paso en diez años con 112 minutos de cine, pero se cumplió mi deseo: ¡la película es una comedia! Y mi gran sorpresa ha sido ver en los ojos de François Cluzet la expresión del sufrimiento que nunca quise mostrar. Abdel es menos chistoso que Driss, más feo y más bruto que él, pero es mi diablito protector. Separados éramos impresentables, ¡juntos somos indestructibles!

The intouchables, entre la comedia humana y la crónica realista: ¡una postal de vida que nos envía el cine francés para estas vacaciones!

© 2012, . Opinions set out in this post are those of the author(s) and do not necessarily reflect the official opinion of Suburbano Ediciones.

Compartir
Artículo anteriorHemingway & Gellhorn
Artículo siguienteRituales de Amor
Elisa Ovalle de Meyer

Elisa Ovalle de Meyer

Elisa Ovalle de Meyer, León, España. Es licenciada de la escuela Bellas Artes de Ginebra, Diploma de Sociología de Arte. Estudió Arte Dramático en la escuela Americana de París. Trabajó como actriz en la compañía Nacional de teatro de Carouge, Ginebra, siendo durante ese momento la única extranjera del “Oeste“ en actuar en la Unión Soviética, por invitación expresa de la primera dama Raïssa Gorbatchev, en el Teatro Stanislawsky de Moscú. En 1990 fue productora y presentadora de programas culturales para la TSR (Televisión Suiza), en 1998 se graduó de Periodismo en la Universidad de Lausanne, creando luego su propia productora de televisión, radio y prensa. Actualmente es corresponsal en Miami para medios de comunicación en Suiza y colaboradora de la revista Sub-Urbano en Miami desde mayo 2012.

Loading Facebook Comments ...

3 Comentarios

  1. Felicidades, me parece un artículo muy interesante y desde luengo despierta el interés por ver la película.

  2. Elisa, que amplia descripcion la que haces, te felicito, muy bien expuesto.

    Abrazos,

    Carlos

  3. Este articulo me ha encantado por su estilo original y la energia positiva con la cual la escritora cuenta la historia.

Comments are closed.

Loading Disqus Comments ...