Busca mi rostro: Ignacio del Valle

Paco Bescós

httpv://youtu.be/2tWBFbm_9Zg

Ed. Plaza y Janés.

413 páginas.

Ignacio del Valle nos propone, en Busca mi rostro, una nueva trama policíaca con los ingredientes acostumbrados: profusa documentación, ritmo ágil, ambientación bélica, abundantes elementos simbólicos… Lo único a lo que renuncia, en esta ocasión, es a su detective arquetípico, Arturo Andrade, para sustituirlo por una interesante fotógrafa de guerra norteamericana: Erin Sohr.

Un atentado en un restaurante neoyorquino desata una investigación de la policía entre los integrantes de las mafias rusas y sus miserias. Pero además, resucita en la fotógrafa Erin Sohr  la necesidad de enfrentarse con su pasado para cicatrizar terribles heridas emocionales, abiertas durante la guerra de los Balcanes.  Así se inicia un viaje expiatorio a la antigua Yugoslavia en busca de las huellas del criminal de guerra serbio que la ha marcado de por vida.

‘Nos robó nuestra piedad, nos arrancó las máscaras para que comprobásemos que no éramos más que unos monos aterrados luchando por el siguiente plato de comida’.

Erin es un personaje perturbador que deambula entre la inocencia y la oscuridad. Muy verosímil. En su regreso a los Balcanes, los escenarios que recorre parecen sumidos en una enfermedad latente, pero no curada: los testimonios que escucha remueven la gangrena crónica que la guerra ha provocado. El viaje de Erin demuestra que somos monstruos condenados a guerrear y preparados para matar, por mucho que vistamos máscaras cotidianas que tratan de atenuarnos esta verdad. La humanidad se comporta así desde que éramos anfibios paleozoicos luchando en un charco de lodo.

‘Erin no había aplicado una lente ni moralista ni deformante, únicamente curiosidad en estado puro’.

Al mismo tiempo, dos policías agitan la ciudad de Nueva York para encontrar al autor del crimen. De esta historia paralela destaca el escenario urbano, en el que del Valle nos lleva a explorar las entrañas (literalmente) ahorrándonos los manidos datos turísticos. Sin embargo, los policías protagonistas, Daniel y Sailesh, son personajes meramente funcionales que a veces se comportan de una manera un tanto bidimensional. En este caso, al contrario que en el de Erin, resulta mucho más interesante la propia investigación que las tramas psicológicas que desvelan las vidas íntimas de los policías. Estas parecen algo más aburridas y a veces obstaculizan el buen ritmo de la narración.

Lo mejor de Busca mi rostro es que del Valle se ha preocupado por preservar la elegancia inherente a la novela policíaca, un género que identificamos con personajes lacónicos, ciudades grises y diálogos de doble lectura.

‘Nada nos atrae más, nada es más seductor que los objetos puros, pensó, aquello que no nos necesita, aquello que no sufrirá por nosotros’.

‘–Y ahora usted está aquí –Radomir sonrió–, buscando comprender al monstruo, pero  cuando me mira no acaba de entender que no pueda ver ninguno…’

Esto es muy de agradecer. Incluso podría pedírsele una revisión de estilo más, un pulido extra que pusiera en duda la conveniencia de esta metáfora o la virtud de aquel adjetivo.

También se le puede reconocer el buen manejo de una escritura pensada para sumergir al lector en el acontecimiento. En Busca mi rostro el objetivo de la prosa es ponerse al servicio de la historia, esconderse tras la trama y los personajes y trabajar a favor del ritmo. Del Valle domina las técnicas del asunto: el cliffhanger, los fragmentos de acción, el suspense…

Estos componentes convierten Busca mi rostro en un relato ideal para que quien busque pasar la tarde en la butaca con una buena historia: se desliza bajo los ojos con agilidad y se consume con apetito.

Adquiere aquí la novela Busca mi rostro

http://www.amazon.es/Busca-rostro-Exitos-Plaza-ebook/dp/B007PJKKRC

 

© 2012, . Opinions set out in this post are those of the author(s) and do not necessarily reflect the official opinion of Suburbano Ediciones.

Compartir
Artículo anteriorEl móvil de Tomeo/Romeo
Artículo siguienteMANO NEGRA
Paco Bescós

Paco Bescós

El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.