Blanco Nocturno. Novela de Ricardo Piglia

Ainara Mantellini

Editorial Anagrama, 299 pp

Blanco nocturno es un relato conocido. Se trata de la común historia que se desarrolla a partir de un crimen que parece fácil de resolver pero que desencadena una investigación mediante la cual se nos permite conocer de las intimidades de un pueblo de los alrededores de Buenos Aires.

Quién cometió el crimen y por qué motivo son las interrogantes que acompañan el libro, de la mano de un experimentado detective, propio del pueblo, y de un periodista de la capital que pronto se ve inmerso en la historia de los personajes principales de la historia. El detective, Croce,  es un insider que sabrá mostrar bien la manera de pensar de los pobladores, mientras que el periodista, Renzi, es el outsider encargado de comprender el desarrollo de los hechos.

Esta novela tiene una carga importante de ambivalencias, explícitas e implícitas. No es un secreto que la historia está basada en la premisa de que las cosas no son lo que parecen, como se nos hace ver mediante el dibujo del pato-conejo en la página 142 y el texto a continuación, del que se extrae: “Descubrir es ver de otro modo lo que nadie ha percibido”. Así, sabemos de entrada que la resolución del crimen no puede ser tan obvia como quiere plantear el fiscal Cueto, que tiene que haber algo más allá. Sospechamos que habrá intrigas, que habrá secretos a descubrir en las hermanas idénticas, en los hermanos tan diferentes, en el padre-patriarca, y en la conciencia de un pueblo, el personaje anónimo que enmarca la historia.

Desde el título, la novela nos anuncia que hay una diana a la que es sencillo tirarle, un “blanco nocturno” al que se identifica claramente en plena oscuridad: que se produzca el crimen de un extranjero (americano, puertorriqueño) en un pueblo argentino, a manos de un personaje diferente al resto (japonés y afeminado), no causa conmoción. Se trata de dos extraños, con costumbres ajenas. Pero justamente, el crimen es la fachada de una historia que tiene mucho que ver con la historia de la familia más poderosa del pueblo y de la que una vez fue una fábrica de autos pujante y prometedora.

Pero a pesar de que esta novela cuenta con un trabajo interesante, no solo del ajedrez de los personajes sino del mundo ambivalente en el que se mueven, cargado de escenarios psicológicos y oníricos, no se encuentra en ella la armonía necesaria para que todos los ingredientes produzcan esa mezcla ideal que arroje un relato integral.  De hecho, la novela está como partida en dos: se trata del relato de la investigación de Croce, que se detiene, para dar paso al relato de la investigación de Renzi.  En ocasiones, Renzi parece ser un personaje excusa para ofrecer un interlocutor a Croce (esto a pesar de que Emilio Renzi es un personaje recurrente de Piglia, y su alter ego). El discurso de la novela se presenta fragmentado y la multitud de personajes hace difícil la cohesión.

Blanco nocturno es un relato, hay que decirlo, bellamente escrito. La capacidad de Piglia de mostrarnos el paisaje, la minuciosa descripción de la fábrica abandonada, la selección de las palabras y adjetivos producen la hermosura de la novela, con pasajes como el siguiente: “En una aguada, al costado, entre los yuyos, apareció una luz mala, una fosforescencia luminosa que parecía arder como una llama blanca sobre la llanura. Era un alma en pena, la presencia triste de los aparecidos que tiraban esa claridad lívida; la miraron con un silencio respetuoso”.

Sin intenciones de ser una novela con una propuesta diferente o novedosa, Blanco nocturno es el relato de una intriga de pueblo, que parece develar la historia profunda de los personajes que lo habitan. Para leer en un día de descanso.

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Ainara Mantellini Uriarte

Ainara Mantellini Uriarte

Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.