Apuntes sobre Árbol de tu olvido, del poeta Omar Villasana

Cuando tenemos que construir el primer párrafo para comentar una obra literaria, los que estamos en el campo de la escritura, a veces, tenemos una disyuntiva: ¿empezamos por hablar del autor o lo hacemos por la obra? El dilema se resuelve cuando obra y autor se relacionan y permite que todo vaya hacia un mismo fin.

En 2007 conocí a Omar Villasana (México) en el Centro Cultural Español de Miami en una conferencia que impartí sobre una sucinta historia del grabado. Entre imágenes desgarradoras de Goya, líricas como las de Durero, bien trabajadas como los del cubano Baruj Salinas o Joaquín González, empezó nuestro diálogo sobre el arte y las letras. Al cabo de poco tiempo, Omar se incorporaba con gran prestigio el grupo SETRA

Árbol de tu olvido es un álbum cincelado sobre un tema que deviene raíz en la tierra profunda de nuestra cultura occidental y, especialmente, a la que muestra su origen: los mitos ancestrales de la historia universal. Ramas bien definidas que dividen este pequeño bosque en dioses y guerreros de la Grecia Antigua, algunos personajes emblemáticos de la Biblia como Salomé, los atávicos dioses precolombinos que forman parte de sus orígenes mexicas, personajes de la leyenda persa, un poeta renacentista, e incluso héroes de la cultura del sol naciente. Mitos que se entrelazan para formar un compendio de iconos cuyas leyendas se entrecruzan en nuestra vidas como auténticos aguafuertes que configuran el mundo interno por el cual su autor es devoto.

Su primer poema, Plegarias, arranca con una introducción dirigida a una mujer que añora. Palabras de consolación que el lector necesita para entender el devenir del libro. El rostro del deseo que no se compensa con tenerlo sólo frente a su faz y reza para poseerlo. Los recursos de la memoria o la ensoñación son exiguos para él. El sujeto poético quiere más para retener y si no puede acude en su búsqueda  Pigmalión –su segundo poema será quien moldee su deseo /te sueño en carne y hueso/. Un paso más hacia adelante y entramos ya en la etimología que los todopoderosos demandan de sus súbditos.

En Dafne y Apolo, a partir del reto que le rinde Cupido como personaje, intentará mostrar la potencia épica de Eros. Envenenará su arma para mostrarle que no es la suya la flecha más rápida, sino la más tormentosa para una muerte digna. Un dolor hiriente que no le va permitir conquistar a la ninfa Dafne hasta convertirse en laurel por deseo propio y de Peneo, el dios del río y las corrientes acuíferas.

Seguirá con Circe, mujer que rompe los sueños de Ulises. Aquí, la hechicera, cederá a sus propósitos y olvidará a Penélope y Telémaco durante un año. Pero Omar la transforma en una figura “bondadosa” que entiende los motivos de su amado-amante y le deja partir hacia su hogar, quizá, como agradecimiento a sus favores.

Patroclo, símbolo del amigo inseparable, será el espejo donde las penas de Aquiles se reflejen durante la guerra de Troya. Sin embargo, en el poema, Patroclo está muerto. Héctor lo ha matado. Aquiles se toma su venganza y lo mata también. Yaciendo el cadáver de Héctor ante sus pies, Aquiles se dirige consternado a expiar la aflicción por su amigo y clama en alto por su pueblo /No comprenden Patroclo, los aqueos de hermosas grebas, mi llanto/.

El mito de Onán, en cambio, aparece con más énfasis al comparar el semen derramado en la tierra y el vino vertido en el polvo. A continuación le sirve un castigo tan cruel como merecido en la última estrofa /Se levanta/ húmedo/ de su propio ser/ y fija la mirada en el espejo/ pero éste no devuelve/ siquiera  la imagen/ de Narciso/ tan sólo/ el reflejo/ …de Onán/. La condena del hermano que está subyugado a ceder su herencia al hijo que tenga con su cuñada, muestra un ejemplo del valor de la abnegación, una virtud hoy en declive.

Salomé aparece con su libidinal actitud en sus dos primeros versos: /el cadencioso gravitar de tus pechos / al ritmo de esta música embriagante/. Salomé balancea sus senos y exhibe frente a todos su incesto privado con Herodes. Una alegoría al lienzo de Tiziano. La estrofa final de Omar, con toda la luz que ofrece la bandeja de plata donde descansa la cabeza de San Juán Bautista… resalta por su desnudez  /la luz ha cesado en estos ojos/. Un imagen cercana a la belleza convulsa que produce la serenidad del decapitado frente a la brutalidad del acto entre sus manos

Coatlicue es la venerada directa proveniente de la cultura prehispánica, uno de las principales mitos que trajo el pueblo azteca al emigrar al Valle de México; la tierra en forma de deidad. La madre del dios sol Huitzilopochtli. Coatlicue es la vida y el horror en el mismo icono. La calavera en el centro y las serpientes surgidas de sus entrañas conjugan un mismo destino. Pero quizá la leyenda que aún hoy más subyace en el pueblo mexicano sea la de la Malinche. Malinalli Tenépatl, o Doña Marina, aristócrata indígena ofrecida como esclava a los colonizadores, cuya relación con Hernán Cortés, confirma la función de intérprete y “espía” al servicio del Imperio Español en la conquista de México. Una referencia clave para entender el valor de la dignidad que forma parte de su herencia hispana: el amor a la cultura de sus orígenes amerindios.

Cuando Dante en la Divina Comedia se personifica a sí mismo, posiciona a Beatriz en el lugar de la fe y a Virgilio en el de la razón. La travesía, es el símbolo del traspaso de la vida hacia la muerte. Todos los pecados del ser humano puestos en contraposición a la pureza que le da Beatriz, colocándola como su guía por el Cielo. Pero en su poema Dante y Beatriz, /Tu. por siempre mi Beatriz./ Esta, mi [Divina] Comedia./ la ironía del autor queda, a mi entender, directamente susodicha con los corchetes que incorpora a la palabra Divina. Un signo de interrogación hubiera sido demasiado explícito, en cambio, esta especie de paréntesis, como si fueran una cuña en el discurso, permite la ambigüedad de incluir el epíteto o refutarlo. El homenaje lírico que le hace a Francesca Da Rímini en el poema Francesca y Paolo exculpa a la pareja de su adulterio y pone ante los ojos del lector el deseo justamente cumplido a pesar de haber escogido el lugar menos apropiado para ello: /¿Cuántos no buscan toda una vida/ lo que nosotros encontramos en el infierno?/

Theo sólo tardó seis meses en desaparecer cuando murió Vincent van Gogh. Atado como estuvo a su hermano, subsidiando su arte hasta la misma muerte, parece que nunca pudo superar su pérdida. Quizás el mejor homenaje que le hace el autor al gran pintor, sea a través de quien lo patrocinó, el que hizo de mentor en el momento que más lo necesitaba: /No sueltes mi mano/ Temo que sin tu apoyo/ me falte fuerza para empuñar este pincel tornasol/. En el último adjetivo, se concentra la imagen de el loco del pelo rojo que tanto revoluciona a finales del XIX la pintura del siglo siguiente.

Árbol de tu olvido cumple su función: regresar a la tradición para, en ella, encontrar nuestros yerros, pecados o la simple condición humana que acecha nuestra psicología como sujetos. Toda narrativa pasa por la escritura de los grandes conflictos entre nuestra gran comunidad. El adjetivo global ya no pertenece al mundo postmoderno porque está aquí instaurado en forma de palabras, con todos sus protagonistas. Hoy las leyendas aparecen entremezcladas en un gran espacio llamado planeta Tierra. Omar Villasana viaja como Ulises por un mar enciclopédico lleno de vínculo y aventuras y relata sus fuentes de inspiración a partir de estos retratos. Los marcos que encierran estos mitos son la madera del árbol de sus memorias que no permiten que lleguen a ti al punto del olvido.

 

 

 

 

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