Alicia en el pueblo de las maravillas

El 13 de junio de 1991 se estrena en Cuba una de las películas más controversiales y censuradas en la historia del cine cubano: Alicia en el pueblo de Maravillas del director Daniel Díaz Torres. La obra suscita un debate sin precedentes entre los intelectuales de la isla y los dirigentes del partido comunista por su alto contenido crítico de la situación precaria en que se encuentra todo el país. Para el director, Alicia es una obra maldita mientras que para el gobierno es una maldita obra que pone en evidencia los grandes errores y falacias de un sistema incapaz de continuar justificando y defendiendo los preceptos de una ideología marchita, de capa caída.

Inspirada en la aventura de Lewis Carroll, la película cubana también cuenta con un espacio único donde la fantasía y el absurdo están a la orden del día: el pueblo de Maravillas, lugar al que llega Alicia con el propósito de impartir clases de teatro. Pero el sueño de Alicia pronto se transforma en una pesadilla cuando descubre que este pequeño pueblo alberga los despojos y vicios más deplorables de un sistema ineficaz y corrupto que todo el mundo acepta como normal tras beber el agua sulfurosa del adoctrinamiento y el conformismo. Alicia lucha desde el comienzo por despertar el espíritu dormido de los habitantes de Maravilla pero al final termina en una peligrosa encrucijada que puede acabar con sus aires de independencia y rebeldía. Sedienta y botella en mano, Alicia debe decidir entre tomarse o no una botella de agua sulfurosa. Clasificada por el mismo director como una sátira que “no es la copia o el reflejo directo de la realidad, sino aquellos aspectos de la realidad que nos interesa subrayar y cuestionar vistos a través del espejo distorsionante de la comedia satírica, con una buena dosis de absurdos y hasta de humor negro”, la película se torna en una réplica bastante precisa del día a día del pueblo cubano para el cual los absurdos representan la regla y no la excepción. Lo cierto e inconcebible del caso es que por más exagerados e inverosímiles que parezcan los dilemas o situaciones planteadas por Díaz Torres, éstos se adaptan fielmente a la realidad concreta que vive el país. Para un cubano resulta imposible ver Alicia y no sentirse identificado o ver su situación reflejada en cada una de las secuencias fílmicas. Por supuesto, este espejo cinematográfico resulta inadmisible para un régimen prepotente que se jacta de su eficacia, su superioridad y su justicia. De ahí, todos los problemas y censuras a la que se ve sometida la obra, incluso desde mucho antes de su estreno oficial. Como bien dice Désirée Díaz, “este espacio resulta así un microcosmos que establece una relación alegórica con la sociedad cubana y tal vez el problema del filme esté en el exceso de similitud con la realidad.” Estoy casi en total acuerdo con estas palabras. Y digo casi porque lo que para Díaz es un tal vez para mí es un ciertamente sin derecho a pataleo. Y como conclusión recalco que me parece exagerado, aunque previsible, el aspaviento que formaron los dirigentes comunistas que se tomaron la película como una burla ignominiosa, porque al final del día, Cuba es, al igual que Alicia, la burda tragicomedia de un director “ejemplar” que comenzó a escribir su guión hace más de cincuenta años. Por lo tanto, sino fuera por lo triste del caso, resulta irrisorio que los gendarmes castristas se ofendan por una historia que finaliza y sin embargo se mantengan impávidos ante ese guión que continua vigente a pesar de que el rollo fílmico ha parado de rodar.

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Linet Gonzalez

Linet Gonzalez

Nací en Cuba, me crié en Venezuela y llevo tantos años viviendo en Miami que ya me cuesta identificarme como de aquí o de allá. Prefiero pensar que soy ciudadana del mundo, sin límites geográficos que me definan. Hace unos años me gradué de enfermera, profesión que  ejercí hasta que decidí seguir mi verdadera vocación artístico – literaria.  Entonces, me matriculé en la Florida International University –FIU-, donde obtuve la licenciatura en Español y la maestría en Literatura Hispanoamericana. Ahora, me uno al equipo de Suburbano, me sumo a este proyecto de creación y difusión cultural, desde Cinexxx, mi sección en la que en cada edición publicaré reseñas fílmicas de cine clásico y contemporáneo.