A diario

Salir de estos tres días 
como un niño tomado de la mano. 
Escribir, llegar 
al renglón escondido de tu mente. 
Mirar en mi interior las voces 
mezcladas con las risas. 
Somos el abrazo más tierno, 
el cuidado más natural. Somos 
el brillo reflejado uno en el otro. 
La fuerte furia encendida de los ojos. 
¿Qué caricia? ¿Qué vivencias? 
Nada. No hay silencios 
ajenos ni escondidos, 
no hay ceguera que no sienta lo que 
somos. 
Nada.
Solo el implacable desierto 
con el sol de mediodía. 
Solo la fuerza inminente que 
traspasa, corta, los rayos de la espera 
y la llegada. 
Ser de sed, de fuego 
y que el agua de tu vientre nos sacie. 
Ser todo lo que somos 
mientras la noche es abrazada por tu rayo. 
Ser la tinta en la tela de una sábana, 
como sello inesperado de 
la promesa no dicha, 
por hacerla real a diario.

David N. Campos.
@LeChatDavo

© 2012, . Opinions set out in this post are those of the author(s) and do not necessarily reflect the official opinion of Suburbano Ediciones.

Compartir
Artículo anteriorLa inmigración y la otra orilla del universo
Artículo siguiente¿Por qué los éxitos giran siempre en la misma órbita y entre los mismos “artistas”?
Elías David

Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.